Hace algo así como veinte años, me encontré por *razones* en una reunión
informal con tres amantes de la ciencia ficción, uno de los cuales ha tenido
bastante prominencia y ha impulsado bastante la escena nacional chilena. Me
voy a reservar nombres.
Era una junta chiquita, tres de Ellos, un
pololo que tuve en esos años y yo, de alrededor de diecinueve. Destaco la
edad, porque es posible que influyera ser la menor del grupo en el cierto aire
de condescendencia que reinó durante toda la velada. Y, claramente, habiendo
empezado a leer ciencia ficción hacía unos cinco años solamente, todos me
aventajaban por mucho, lo que también aportaba al caso. Quiero pensar que mi
género no tuvo nada que ver, pero no es cierto.
Ya hacia el final,
por fin pude hablar con la Persona Prominente. Yo había leído Summer Queen, la continuación de Snow Queen (uno
de mis dos libros favoritos de ciencia ficción) y estaba a punto de explotar
por hablar con alguien sobre el libro (el final es desesperantemente bueno).
Prominente acusó conocimiento de la novela y luego, parafraseando, dijo que no
había logrado leer Snow Queen. “Había unos arco iris”, fue su única opinión.
Y, básicamente, el fin de La Conversación que tuvimos en la noche.
Dejando
de lado un montón (en serio, un MONTÓN) de misoginia interiorizada de parte de
Ellos, lo que más me quedó grabado es que alguien no pudiera terminar un libro
en el que hay arco iris. En especial cuando los mencionan una sola vez, en la
primera página.
Sé que sólo puedo hacer conjeturas sobre Prominente y por qué dejó botado el libro en la página uno, pero no creo que la conjetura
específica de que era un libro demasiado “femenino” esté lejos de la realidad.
Ojo, que feminista no equivale a femenino para este caso. Ursula K. Leguin
escribiendo sobre neutros sexuales, que desafían la definición de género,
metidos en politiqueos extremos: feminista, sí. Joan D. Vinge con arco iris y
romance: femenino, no.
Una porquería, porque Arienrhod, la
antagonista de Snow Queen es una de las mejores villanas que he leído en la
ciencia ficción, a pesar y considerando que me niego a catalogar a las Bene
Gesserit como villanas, sin importar el ahínco con que lo intentó Herbert en
las numerosas continuaciones de Dune.
Arienrhod, la Reina de la
Nieve, es una mujer que ha vivido durante ciento cincuenta años, lo que la
hace hipercompetente como mínimo. Usa ese conocimiento, teje redes. Es
brutal aunque no sea físicamente violenta, es cruel y maquiavélica. El libro en sí es una crítica al colonialismo y Arienrhod, aunque (¿porque?) es la villana, es una fuerza que se le opone. Lo que ya me da para pensar bastante. Pero, por supuesto, el libro tiene
romance, lo que lo hace inmediatamente femenino, para mujeres.
No
sé si esperar más de un microclima nacional que tiene como representante casi
exclusivo a Jorge Baradit y sus quinceañeras masticables (para sorpresa de muchos, sí, Baradit escribe ciencia ficción y no sólo historia). En sus inicios
formales, la ciencia ficción fue un producto dirigido a adolescentes
estadounidenses de clase media y en Chile, aunque en pañales y con un público
muy reducido (por favor, háganme cambiar de opinión), el objetivo no parece
haber cambiado tanto, salvo por la edad. Ahora se trata de recopilaciones de
cuentos y novelas escritas, en su mayoría, para hombres de edad mediana
reacios a los arco iris.
No creo que la ciencia ficción sea
machista en sí. Creo que en sus inicios sirvió a un público determinado, como
todo, y luego se amplió. Creo que le costó adaptarse, porque ese público
determinado suele ser porfiado como mula, pero recientemente hay voces y
letras en todo el mundo que ofrecen, como dijo Nuestro Señor, Luis Fonsi,
“pasito a pasito, suave suavecito”, nuevas perspectivas e ideas. Creo que el
machismo está en las personas y hay que cambiar el discurso, para variar, y
elegir más obras feministas y, a veces, algunas mal llamadas femeninas.
¡¡Vivan los arco iris!!
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