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La eternidad tóxica de la mujer fuerte

El concepto de “mujer fuerte” le ha hecho un daño horrible a la narrativa de todo tipo. En primer lugar, como dijo Jessica Chastain en este tremendo Tweet, implica que existen las mujeres débiles y que, de hecho, constituyen la mayoría del género femenino. Hay que destacar, por ende, la peculiar existencia de esta “mujer fuerte”, distinta al resto (esto de única y distinta a todas las demás también es un tropo odioso, pero merece su propio ensayo, así que lo voy a dejar estar por ahora). En segundo lugar, porque la representación más habitual de esta “fortaleza” no es más que una masculinización, la transformación de un supuesto personaje femenino en un ícono de las cualidades que se supone que debe tener un hombre.

Las películas de acción y ciencia ficción para empezar y muchos otros medios para seguir, encasillaron el concepto de “mujer fuerte” en un modelo de héroe de acción con características masculinas como única representación de fortaleza. Una mujer no es fuerte si no esgrime un arma convencional, si no conquista y destruye. Si no ejerce violencia exclusivamente física, con crueldad y de forma casi arbitraria.

Todo lo anterior no tiene por qué estar mal. La princesa que se salva sola, rifle láser en ristre, no tiene por qué ser un mal personaje. Mi problema es cuando tenemos iteraciones con una exploración cada vez menor de los sentimientos y motivaciones de ese personaje, porque la “mujer fuerte” tiene que ser dura, implacable y sin sentimientos.Tiene que tener, a fin de cuentas, las características típicas que tiene un hombre en los medios de entretenimiento, masivo y no tanto, porque este es un fenómeno no exclusivo, lamentablemente. Pero si se trata de mujeres aguerridas, duras e implacables, ya tenemos a la Teniente Ripley, que es una grande, pero puede que con ella sea suficiente.

Tal vez al inicio de la representación mediática, cuando había que abrir camino y marcar diferencias claras con el personaje no masculino, separar de alguna forma a La-Mujer del grupo del interés romántico, era algo necesario. La-Mujer con pantalones y la cara tiznada era a la que había que tomar en serio, porque te podía disparar, era “uno más de los chicos”. Los chicos, que por definición automática son “fuertes”. Y sigo preguntándome qué chucha significa eso.

¿Queremos representar la fuerza física como única medida de la resistencia de un personaje? ¿Es, de verdad y en estos tiempos, la fuerza física la única medida de la capacidad de un personaje? Hasta Arnold Schwarzenegger le gana a Predator con inteligencia por sobre fuerza física, y es *Arnold Schwarzenegger*. ¡En la década de 1980!

Ya deberíamos ir trascendiendo esa necesidad. Hablamos de “cambiar el discurso”, pero el discurso se cambia cambiándolo, aunque suene absurdo. Las mujeres fuertes no existen, sí las hay con fuerza física, capacidad de amar, ingenio, creatividad, espíritu, resistencia psicológica, voluntad y un etcétera tan largo que me da lata seguir.

En The Jasmine Throne (lamentablemente, y por ahora, sólo en inglés) una de las protagonistas, Bhumika, embarazada de nueve meses, reviste un palacio con paredes de rosas tan gruesas que las balas no pueden atravesarlas, dentro se refugia junto a los niños, personas enfermas, ancianos y todos aquellos que no pueden ayudar a defender la ciudad, bajo ataque. Quienes intentan acercarse para atacar, mueren a causa de las espinas que crecen súbitamente. Malini, otra de las protagonistas, quiere derrocar a su hermano, un ser demente que quiere purificar el imperio literalmente mediante el fuego, para lo cual miente, manipula y crea alianzas sólidas que sí pretende honrar. No es una villana y sus sentimientos son profundos, sus armas no son físicas y las usa a cabalidad por un objetivo altruista, la protección de su gente.

En justicia Auxiliar, Breq, la protagonista, puede matar de manera eficaz, pero la mayor parte del tiempo el libro se concentra en otros aspectos de su personalidad y, si bien es una historia de venganza en cierto modo, obtenemos más introspección sobre los sentimientos y eventos que la llevan a ese deseo (el respeto, la identidad, los vínculos), que un primer plano de la violencia que conlleva.

Son mujeres fuertes, de un modo que no cuadra con la definición anticuada y dañina. Sienten, protegen, a veces matan y a veces aman, no sólo de forma romántica, no como adorno del héroe protagonista (que vendría siendo el “hombre fuerte”, si no fuese porque casi todos los hombres lo son por antonomasia… y ese es aún otro rant). Más importante aún, se equivocan, tienen ambiciones, mienten, tienen espacio para la inseguridad y eso no las hace peores o mejores. Es y ya.

La mejor parte, es que estas cualidades, estos rasgos de fortaleza, tampoco se limitan a los personajes femeninos. “Los hombres no lloran” es un estereotipo tan tóxico como la “mujer fuerte” (y provienen de la misma fuente, pero estoy evitando decir la palabra con P que rima con altercado, para que nadie se enronche ¬¬). Los personajes de todo tipo deberían poder proteger a otros y sentirse inseguros, ejercer violencia si es necesario y ser “fuertes” sin importar el género.

Pero.

Iron Widow es una novela muy popular entre las juventudes y pueden encontrar mi pataleta en instagram acá, que incluye un resumen y mi opinión sobre el libro como novela. Sin embargo, una de las cosas que más me molestó de Iron Widow no fue su estructura desastrosa ni lo pobre de su desarrollo, fue la naturalización del concepto de “mujer fuerte”, al punto de confundirlo con feminismo.

Le autore vende por fantasía feminista lo que en realidad sólo es una reversa del odio, la protagonista es una mujer que ejerce la violencia como retribución, pero, quizás por inhabilidad de le autore, solo se lee como una nueva versión del estereotipo, una nueva manifestación del trauma. Un personaje femenino no debería ser poderoso única y solamente por ser violento contra los hombres. Puede serlo, violenta y cruel y todo lo que quiera, pero eso no debería ser *el* marcador que la señala como poderosa.

Y si pensamos que tiene que ser así, el daño es súper profundo.

Lamentablemente, tengo esperanzas. A pesar de estas manifestaciones esporádicas, cada vez más autores (mujeres, hombres y personas no binarias) incluyen en sus novelas personajes de diversos géneros, con diversos tipos de “fuerza”. Tal vez deberíamos dejar de llamarles “personajes fuertes” y, como propone Jessica Chastain una vez más, comenzar a llamarles personajes bien escritos a secas.



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